LAS OBRAS DE ARISTÓTELES

LAS OBRAS DE ARISTÓTELES
Los escritos de Aristóteles son obra de tres períodos principales: 1. el de sus relaciones
con Platón; 2. los años de su actividad en Assos y en Mitilene; 3. la época de su
dirección del Liceo en Atenas. Divídense también en dos grupos o clases: 1. las obras
exotéricas —ὸξωτερικοί,ὄ ὸκδεδομένοιὄλόγοι—, que fueron escritas la mayor parte en
forma de diálogos e iban dirigidas al gran público, y 2. las obras pedagógicas —
ὸκροαματικοὸ λόγοι, ύπομνήμύτα, πραγματεὸα—, que eran resúmenes de las lecciones
dadas por Aristóteles en el Liceo. De las obras del primer grupo solamente existen
fragmentos, mientras que de las del segundo son muchas las que han llegado hasta
nosotros. Estas obras pedagógicas fueron dadas a conocer al público por vez primera
en la edición que de ellas hizo Andrónico de Rodas (c. 60-50 a. J. C.), y le granjearon a
Aristóteles fama de escritor de árido estilo, no embellecido por gracias literarias. Se
ha señalado que, si bien Aristóteles fue un gran inventor de términos filosóficos, no se
cuidaba gran cosa del estilo ni de la belleza verbal, pues el interés que ponía en la
filosofía era demasiado grave para admitir el empleo de metáforas en vez de claros
razonamientos o para caer de nuevo en el mito. No obstante, aunque es cierto que sus
obras pedagógicas carecen de atractivos literarios, también es verdad que las obras
que él mismo publicó, y de las que solamente poseemos fragmentos, no desdeñaban
las gracias literarias (Cicerón4 alabó lo fluido de su estilo), y ocasionalmente daban
cabida al mito. Sin embargo, aquellas obras más pulidas fueron las primeras de
Aristóteles, quien las escribió cuando estaba todavía bajo la influencia directa de
Platón o abriéndose camino aún hacia su propia posición independiente.
1. Durante el primer período de su actividad literaria puede decirse que Aristóteles se
adhirió fuertemente a Platón, su maestro, así en lo tocante al contenido como, al
menos en general, respecto a la forma; aunque parece ser que en sus Diálogos era el
mismo Aristóteles quien dirigía la conversación: …sermo ita inducitur ceterorum, ut
penes ipsum sit principatus (Cic., Ad Att., 13, 19, 4). Lo más probable es que, en los
diálogos, Aristóteles sostuviese la filosofía platónica, y que sólo más tarde cambiara
de manera de pensar. Plutarco habla de que Aristóteles cambió de tesis (μετατίθεσθαι)5.
Por otra parte, Cefisodoro, discípulo de Isócrates, le endosa a Aristóteles teorías de
Platón, por ejemplo, en lo concerniente a las Ideas6.
a) A este período pertenece el diálogo Eudemo o Sobre el alma, en el que Aristóteles
comparte la doctrina platónica de la reminiscencia y de la aprehensión de las Ideas en
un estado de preexistencia, y se muestra dominado, en general, por la influencia de su
Maestro. Arguye el Estagirita defendiendo la inmortalidad del alma en términos
inspirados en el Fedón: el alma no es mera armonía del cuerpo; la armonía tiene un
contrario, la desarmonía; mientras que el alma no tiene contrario alguno; por
consiguiente, el alma no es una armonía7. Aristóteles supone la preexistencia y la
sustancialidad del alma, y también la existencia de las Formas. Así como el hombre
puede enfermar y perder todo recuerdo, así el alma, al entrar en esta vida, olvida su
anterior estado de preexistencia; y lo mismo que los que recobran la salud después de
la enfermedad se acuerdan de sus padecimientos, de igual modo el alma, después de
la muerte, se acuerda de su vida. La vida aparte del cuerpo es el estado normal (κατὸ
φύσιν) del alma; su inhabitación en el cuerpo es, realmente, una grave enfermedad8.
He aquí una opinión muy distinta de la que luego mantendrá Aristóteles, cuando
haya fijado su posición independiente.
b) El Protréptico pertenece también a este período del desarrollo de Aristóteles.
Parece que era una carta dirigida a Themyson de Chipre y no un diálogo. En esta
obra se mantiene la doctrina platónica de las Formas, y se describe al filósofo como al
contemplador de las Formas o Ideas mismas y no de sus imitaciones (αὸτὸνγὸρὸοτι
θεατήςὸλλὸοὸ μιμημάτων)9. Además, la frónesis conserva la significación platónica,
denotando la especulación metafísica, por lo que tiene un sentido teorético y no el
puramente práctico con que aparece en la Ética a Nicómaco. En el Protréptico recalca
también Aristóteles lo deleznable de los bienes de la tierra, y pinta esta vida como la
muerte o la tumba del alma, que solamente entra en la vida superior y verdadera
mediante la muerte del cuerpo. Esta manera de ver las cosas es un indicio de la
influencia directa de Platón, ya que posteriormente, en la Ética a Nicómaco, insiste
Aristóteles en la necesidad de los bienes terrenales, por lo menos en cierto grado, para
que la vida sea verdaderamente feliz, y así hasta para el filósofo.
c) Es probable que las partes más antiguas de los escritos sobre lógica, de la Física y
acaso también del De Anima (libro Γ) daten de este primer período. De modo que, si
un esbozo preliminar de la Metafísica (consistente en el libro A) se remonta al
segundo período, es de suponer que la Física (libro 2°) se remonta al período primero,
puesto que en el primer libro de la Metafísica se hace una referencia a la Física o, por
lo menos, se presupone ya la exposición de la teoría de las causas10. Probablemente la
Física está compuesta de dos grupos de monografías, y los dos primeros libros y el
libro 7° deben atribuirse al primer período de la actividad literaria de Aristóteles.
2. En su segundo período, Aristóteles comenzó a apartarse de su primera posición
predominantemente platónica y a adoptar una actitud más crítica para con las
doctrinas de la Academia. Él se consideraba todavía, evidentemente, como académico,
pero había entrado ya en la fase de la crítica o del creciente criticar las teorías del
platonismo. Este período está representado por el diálogo Sobre la filosofía, Περὸ
φιλοσοφίας, obra en la que se combinan una marcada influencia platónica y la crítica
de algunas de las teorías más características de Platón. Así, aunque Aristóteles
presenta a Platón como el punto culminante de la filosofía precedente (y, a decir
verdad, respecto de la filosofía prearistotélica siempre pensó esto Aristóteles), critica
sin embargo la teoría platónica de las Formas o Ideas, al menos bajo el último aspecto
a que llegó en manos de Platón. «Si las Ideas fuesen otra clase de números distintos
de los números matemáticos, no podríamos entenderlas. Porque, ¿quién, en todo caso,
de entre la mayoría de nosotros, entiende otra clase de números?»11 Asimismo,
aunque Aristóteles acepta más o menos la teología astral de Platón, se ve asomar ya
el concepto del Motor Inmóvil12, si bien todavía no se hace mención de la multitud de
motores que aparecen después en sus últimos libros metafísicos. El término «dios
visible» —τοσοὸτονὄ ὸρατὸνὄ θεόν— aplica al Cosmos o al Cielo, y es de derivación
platónica.
Importa advertir que el argumento en pro de la existencia de la Divinidad sacado de
la gradación de las perfecciones se halla en este diálogo: «En general, allí donde hay
un mejor hay también un óptimo. Mas, como entre las cosas existentes hay unas que
son mejores que otras, ha de haber también un existente que sea el mejor de todos, y
éste será la Divinidad.» Aristóteles supone aquí, por supuesto, la gradación de las
formas reales13. La creencia subjetiva en la existencia de Dios derívala Aristóteles de
la experiencia anímica de los éxtasis y las profecías que ocurren, por ejemplo, durante
el sueño, así como de la visión del cielo estrellado, por más que tal reconocimiento de
los fenómenos ocultos sea en realidad extraño al ulterior desarrollo mental del
Estagirita14. En este diálogo, pues, combina Aristóteles elementos cuya única fuente
es Platón y su escuela con otros elementos de crítica de la filosofía platónica, como
cuando critica la teoría de las Ideas o la doctrina de la «creación» expuesta en el
Timeo, afirmando en cambio la eternidad del mundo.15
Al parecer, un primer esbozo de la Metafísica se remonta, en cuanto a su origen, a
este segundo período del desarrollo de Aristóteles, que es el período de transición. Tal
esbozo comprendería el libro A (en el que el uso del término «nosotros» denota la fase
transicional), el libro B, el libro K 1-8, el libro A (excepto C 8), el libro M 9-10 y el libro
N. Según Jaeger, los ataques iban dirigidos, en esta Metafísica primitiva, sobre todo
contra Espeusipo16.
Piensan algunos que la Ética a Eudemo pertenece a este período y que data de la
permanencia de Aristóteles en Assos. En esta obra se atiene aún el Estagirita a la
concepción platónica de la frónesis, aunque el objeto de la contemplación filosófica no
es ya para él el Mundo Ideal de Platón sino el Dios trascendente de la Metafísica.17
Quizá date también de este período una primitiva Política formada por los libros 2, 3,
7 y 8, que tratan, del Estado ideal. Las utopías al estilo de la República platónica son
criticadas por Aristóteles.
Los escritos De caelo y De generatione et corruptione (Περὸὄοὸρανοὸy Περὸὄγενέσςὄκαὸ
φθορὸς)ὄson atribuibles también, con probabilidad, a este período.
3. El tercer período del desarrollo de Aristóteles (335-322) es el de su actividad en el
Liceo. Durante él aparece Aristóteles como el observador empírico y el científico que,
no obstante, trata de levantar todavía una robusta construcción filosófica sobre firmes
cimientos hondamente hincados en la tierra. Es asombrosa la capacidad de
organización de que da pruebas Aristóteles en esta última fase de su vida con respecto
a toda suerte de detalladas investigaciones en los dominios de la naturaleza y de la
historia. Cierto que en la Academia se habían hecho prácticas clasificatorias,
principalmente con fines lógicos, que implicaban su tanto de observación empírica,
pero nada se hacía allí que se pareciese mucho a la continua y sistemática
investigación de los detalles de la naturaleza y de la historia que el Liceo llevó a cabo
bajo la dirección de Aristóteles. Este espíritu de exacto escrutinio de los fenómenos
naturales e históricos representa en realidad algo nuevo en el mundo griego, y su
mérito debe adjudicársele sin duda alguna al Estagirita. Pero no hay que describir a
Aristóteles como si durante la última fase de su vida hubiese sido un puro positivista
—cosa que se ha hecho a veces—, porque no hay pruebas de que abandonara nunca la
metafísica, aun con todo el interés que demostró por las investigaciones científicas y
exactas.
Las lecciones dadas por Aristóteles en su escuela formaron la base de sus obras
«pedagógicas», las cuales circulaban entre sus discípulos y, como ya hemos dicho,
fueron publicadas por primera vez por Andrónico de Rodas. La mayor parte de las
obras pedagógicas pertenece a este período tercero, salvo, naturalmente, aquellas
porciones que es probable que pertenezcan a una fase anterior. Estas obras
pedagógicas han sido causa de muchos quebraderos de cabeza para los especialistas,
debido, por ejemplo, a lo forzado de las conexiones entre unos libros y otros, a que hay
secciones que al parecer rompen la sucesión lógica del pensamiento, y a cosas así. Hoy
día se tiene por probable que estos escritos son disertaciones de Aristóteles que se
publicaron como lecciones dadas por él en el seno de la Escuela. Pero de aquí no se
sigue que cada obra represente una lección aislada o una serie ininterrumpida de
lecciones; trátase, más bien, de distintas secciones o lecciones que fueron reunidas
más tarde y a las que se dio unidad externa anteponiéndoles un título común. Este
trabajo de composición sólo en parte puede haber sido realizado por Aristóteles
mismo: las generaciones siguientes de la Escuela lo prosiguieron y fue completado por
vez primera por Andrónico de Rodas, si no más tarde.
Las obras del tercer período de Aristóteles pueden dividirse así:
a) Escritos sobre lógica (reunidos en la época bizantina bajo el título de Organon):
Las Categorías o κατηγορὸαι(cuyo contenido, por lo menos, es aristotélico).
El De interpretatione o Περὸὸρμενείας(sobre la proposición y el juicio). Los Primeros
analíticos o ὸναλυτικάὄπρότερα(dos libros sobre la inferencia). Los Analíticos segundos
(o posteriores), ὸναλυτικάὄὸοτερα(dos libros sobre la demostración, el conocimiento de
los principios, etc.). Los Tópicos o Τοπικά (ocho libros sobre la dialéctica o la
demostración probable). Las Falacias sofísticas o Περὸὄσοφιστικὸνὸλέγκων.
b) Escritos metafísicos:
Los libros Metafísicos o μετὸτὸὄφυσικά, serie de lecciones dadas en distintas épocas;
su nombre se debe a la posición que ocupan en el Corpus Aristotelicum, y se lo dio
probablemente un peripatético anterior a Andrónico.
c) Obras sobre filosofía natural, ciencias naturales, psicología, etc.:
La Física o φυσικὸὸκρόασις; o φυσικάo τὸὄπερὸὄφύσεως. Compónese esta obra de ocho
libros, de los que los dos primeros han de atribuirse al período platónico de
Aristóteles. En Metafísica A 983 a 32-3 se hace referencia a la Física, o, mejor dicho,
se presupone explícitamente como ya expuesta la teoría de las causas que aparece en
Física 2. El libro 7 de la Física pertenece probablemente también a la obra anterior de
Aristóteles, mientras que el libro 8 no forma parte, en realidad, de la Física, puesto
que cita la Física diciendo: «según lo expusimos ya en la Física»18. Al parecer, pues, la
obra entera consistía originariamente en cierto número de monografías
independientes, suposición a que da pie el hecho de que la Metafísica cita como
«Física» las dos obras De caelo y De generatione et corruptione.19
Los Meteorológicos o Μετεθρολογικάo Περὸὄμετεώρων(cuatro libros).
Las Historias de los animales o Περὸτὸὸστορίαι(diez libros de anatomía y fisiología
comparadas, el último de los cuales es, probablemente, postaristotélico).
Las ὸνατομαί, en siete libros, obra que se ha perdido.
El tratado De incessu animalium o Περὸὄ ζὸωνὄ πορείαςὄ (un libro) y el De motu
animalium o Περὸὄζὸωνὄκινήσεως(un libro).
El De generatione animalium, Περὸὄζὸωνὄγενέσεως(cinco libros).
El De anima o Περὸφυχὸςque contiene las doctrinas psicológicas de Aristóteles.
Los Parva naturalia, colección de trataditos que se ocupan de temas como la
percepción (Περὸ αὸσθήσεωςὄ καὸ αὸσθητὸν), la memoria (Περὸὄ μήμηςὄ καὸ
ὸναμνήσεως), el sueño y la vigilia (Περὸ ὸνουὄ καὸ ὸγρηγόρσεως), los sueños (Περὸ
ὸνυπίων), la longevidad y la brevedad de la vida (Περὸὄ μακροβιότητοςὄ καὸ
βραχυβιότητος), la vida y la muerte Περὸὄζωὸςὄκαὸὄθανατου), la respiración (Περὸ
ὸνύπνοὸς), la adivinación por los sueños (Περὸτὸςὄκαθὸὸπνονὄμαντικὸς).
Los Problemas (Προβλήματα) son, por lo que parece, una serie de cuestiones que se
agruparon gradualmente, en torno a un núcleo de notas o sugerencias hechas por el
mismo Aristóteles.
d) Obras sobre ética y política:
Los Magna moralia o ὸθικὸὄμεγάλα, aa, en dos libros, que en general se tienen por
obra genuina de Aristóteles, al menos por lo que atañe al contenido20. Parte de la
Magna moral parece haber sido escrita cuando Aristóteles estaba aún más o menos de
acuerdo con Platón.
La Ética a Nicómaco (ὸθικὸὄΝικομάχεια), en diez libros, cuyo título se debe a habérsela
supuestamente dedicada por Aristóteles a su hijo Nicómaco o editada por éste.
La Política (Πολιτικά), cuyos libros 2, 3, 7 y 8 —de los ocho de que consta en total—
parecen atribuibles al segundo período de la actividad literaria de Aristóteles. Opina
Jaeger que los libros 4-6 fueron insertados antes de que al conjunto se le antepusiera
el libro primero, pues el libro 4 se refiere al 3 como al que daba comienzo a la obra —
ὸνὄτοὸςὄπρώτοιςὄλόγοις—. «El contenido del libro 2 es meramente negativo»21.
Colección de las Constituciones de 158 Estados. La de Atenas se halló en unos papiros
en 1891.
e) Obras sobre estética, historia y literatura:
La Retórica (Τέχνηῥητορική), en tres libros.
La Poética (Περὶποιητικῆς), que se ha perdido en parte y lo que queda es muy
incompleto. Añádanse las:
Listas de las representaciones dramáticas celebradas en Atenas; la colección de
Didascálicas; la lista de los vencedores en los juegos Olímpicos y Píticos. Aristóteles
dejó comenzados una obra sobre el problema homérico, un tratado sobre los derechos
territoriales de los Estados (Περὶῶν τόπων δικαιώματα πόλεων), etcétera.
No es preciso suponer que todas esta obras, como por ejemplo la colección de las 158
Constituciones, las compusiera el mismo Aristóteles, pero sí que debieron de
emprenderse por iniciativa suya y llevarse a cabo bajo su dirección. Encargó a otros
que recopilasen una historia de la filosofía natural (a Teofrasto), de las matemáticas y
la astronomía (a Eudemo de Rodas), y de la medicina (a Menón). Maravillan la
universalidad de sus intereses y la amplitud de sus investigaciones.
La sola lista de las obras de Aristóteles muestra bien a la claras que su mentalidad
era muy diferente de la de Platón, pues se hace palmario en cuanto se la lee, que
Aristóteles se orientó hacia lo empírico y científico y que no tendía a tratar los objetos
de este mundo como semiilusorios o inapropiados para ser objetos del conocimiento.
Mas esta tendencia distinta, que indudablemente se fue diferenciando cada vez más
con el transcurso del tiempo, ha llevado, cuando se la asocia a la consideración de
hechos tales como la oposición aristotélica a la teoría de las Ideas y a la psicología
dualista de Platón, ha llevado —digo— a la concepción popular de un radical
contraste entre los dos grandes filósofos. Alguna verdad hay, por supuesto, en tal
concepción, puesto que se encuentran pasajes de evidente oposición entre sus
doctrinas y se advierte también una diferencia general de atmósfera (por lo menos
cuando comparamos las obras exotéricas de Platón —de quien no poseemos otras—
con las obras «pedagógicas» de Aristóteles), pero esa verdad es fácil exagerarla. El
aristotelismo, históricamente hablando, no es lo opuesto del platonismo, sino su
desarrollo, corrigiendo —o tratando de corregir— las unilateralidades de las teorías
platónicas, como las que se dan en la de las Ideas, en la psicología dualista de Platón,
etcétera, y aportando un fundamento más firme, una base más científica, mediante la
mayor observación de los hechos físicos. Que a la vez omitió algunas cosas valiosas, no
puede negarse; pero esto sólo prueba que no hay que considerar como diametralmente
opuestas las dos filosofías en cuestión, sino como dos espíritus filosóficos y dos cuerpos
de doctrina que se complementan. Más tarde el neoplatonismo intentaría hacer una
síntesis de ambos, y la filosofía medieval evidencia el mismo espíritu sintetizador.
Santo Tomás, por ejemplo, aunque llama a Aristóteles «el Filósofo», ni pudo ni quiso
apartarse por entero de la tradición platónica, y en la escolástica franciscana el
mismo San Buenaventura, que otorgaba la palma a Patón, no desdeñaba el uso de
doctrinas peripatéticas; en cuanto a Duns Escoto, llevó mucho más adelante aún el
informar el espíritu franciscano con los elementos aristotélicos.
Tampoco se ha de suponer que Aristóteles, en su entusiasmo por los hechos y en su
afán de establecer un fundamento empírico y científico, careciese de potencia
sistematizadora o hubiese renunciado nunca a su interés metafísico. El platonismo y
el aristotelismo culminan los dos en metafísica. Así Goethe pudo comparar la filosofía
de Aristóteles a una pirámide regular de amplia base bien asentada en el suelo, y la
de Platón a un obelisco o a una lengua de fuego que se lanzase hacia el firmamento.
Con todo, he de decir que, en mi opinión, el pensamiento de Aristóteles se fue
desviando constantemente de las posiciones platónicas, a las que en un principio se
había adherido, y los resultados a que fue llegando en su nueva orientación mental no
siempre se armonizan por completo con los elementos que de la ortodoxia platónica
parece que conservó hasta el fin.