Pandora y las kórai del templo de Atenea
Constataremos, para empezar, la tajante oposición sexual marcada por los cánones del arte ateniense, deteniéndonos en los magníficos ejemplos de la misma que ofrecen las esculturas arcaicas de jóvenes atletas, o koûroi, cuya completa desnudez destaca al lado de las kórai, las elegantes doncellas ataviadas con largas túnicas plisadas, dispuestas bajo mantos ricamente bordados y cuyos cabellos trenzados conforman, en parte, moños coronados por diademas o cintas .
Tal es el paradigma de la representación artística de los sexos que queda establecido a partir del siglo VII a.C. y que también ilustra la tradición literaria. Así, la doncella de enigmática sonrisa que hemos elegido entre las muchas que fueron ofrendadas en el templo de Atenea, puede servir como referencia gráfica de la descripción poética de Pandora que Hesíodo proporciona también en los inicios del siglo VII a.C. Una referencia gráfica tanto más válida cuanto que la doncella elegida sostiene bajo su brazo derecho una pequeña tinaja, es decir, el mismo objeto que Pandora traía consigo al presentarse entre los humanos —que no era una caja, tal y como pretende la tradición artística a partir del Renacimiento . Pandora, “el bello mal” , es el castigo y la delicia que determina para siempre la inferioridad del universo humano, con respecto al de los inmortales, quienes, sin estar exentos de la tiranía de Eros, no dependen de la reproducción para subsistir como estirpe .
Pero lo que nos interesa particularmente de la creación de la primera mujer es el detalle con el que Hesíodo describe los aderezos que los dioses “inscriben” en esta autómata con apariencia de “pudorosa doncella” . En la Teogonía , Atenea, tras haber adornado a Pandora con una túnica de resplandeciente blancura, le ajusta el ceñidor; la cubre desde la cabeza con un maravilloso velo bordado con sus propias manos; y rodea sus sienes con deliciosas coronas de fresca hierba trenzadas con flores. Finalmente, le coloca en la cabeza una diadema de oro cincelada por el propio Hefesto. En los Trabajos y los días , Atenea, tras enseñarle el arte de tejer, le da el ceñidor y la engalana. Las Gracias y la augusta Persuasión colocan en su cuello dorados collares y las Horas la coronan con flores de primavera.
Pues bien, en esta detallada descripción del acicalamiento de Pandora, el tejido es un importante hilo conductor. Y ello tanto por el uso, al tiempo púdico y seductor que “la primera dama” hace del vestuario, cuanto por su responsabilidad en la elaboración del mismo . Una estrecha relación de la Pandora hesiódica con la indumentaria que reviste gran importancia si se considera que esta madre de “la raza de las mujeres” , perduró como paradigma de feminidad durante toda la civilización griega.
La mujer griega, reina del telar, que siempre maneja en el espacio interior, integra como parte de su ser el producto de su trabajo, es decir, ese vestuario que, junto con las paredes del hogar, la protege al tiempo que la aísla del mundo exterior











